Una muerte imperfecta

Una muerte imperfecta

Una muerte imperfecta

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A lo largo de nues­tra carrera pro­fe­sio­nal hemos tra­tado un sin fin de casos de dis­tin­tas natu­ra­leza. Pero nunca antes había­mos ase­so­rado a un escri­tor para desa­rro­llar la trama de una novela. Y así tuvi­mos el honor de con­tar con J. J. Fer­nán­dez entre nues­tros clien­tes, quien nos eli­gió para reci­bir nues­tro ase­so­ra­miento jurí­dico nece­sa­rio para su pró­xima novela.

J. J. Fer­nán­dez es autor de un mag­ní­fico thri­ller sico­ló­gico titu­lado Una Muerte Imper­fecta, publi­cado en enero de 2020. Es una novela que reco­men­da­mos, y que podéis com­prar, entre otros luga­res, en Ama­zon o en La Casa del Libro.


La poli­cía con­firma que fue una muerte natu­ral.

Megan cree que fue un ase­si­nato.

La ver­dad fue otra…

Megan no es feliz. Una meno­pau­sia pre­ma­tura y un marido ausente se mez­clan en una vida monó­tona. Con una maleta en la mano, una entre­vista de tra­bajo y deci­dida a empe­zar una nueva vida, Megan recibe una fatí­dica noti­cia que dará un giro ines­pe­rado a su vida. Su tío Paddy ha sido encon­trado muerto en su coche.

Megan se lan­zará a una carrera con­tra­rre­loj para sal­var la memo­ria de su fami­lia y des­cu­brir la ver­dad de la muerte de su tío. Una ver­dad que la arras­trará por un labe­rinto de tor­tuo­sas emo­cio­nes donde lle­gará a poner en peli­gro su pro­pia vida.

¿Será Megan la pró­xima víc­tima o es todo un pro­ducto de su ima­gi­na­ción?

J. J. Fernández

Es un autor valen­ciano que ha pasado más de media vida fuera de España. Estu­dió Filo­lo­gía His­pá­nica por la Uni­ver­si­dad de Copenha­gue y vivió en esa ciu­dad durante diez años.

Luego se tras­ladó a Reino Unido, donde con­ti­nuó su tra­bajo de pro­fe­sor de len­guas en un ins­ti­tuto de secun­da­ria de Lon­dres. Actual­mente, reside en Kent.

Es amante de las series de cri­men dane­sas, los cafés y el sushi.

Con un len­guaje moderno y muy bri­tá­nico, que puede cho­car a algún lec­tor, J. J. Fer­nán­dez narra una his­to­ria sin­gu­lar con un final des­equi­li­brante, pero muy ori­gi­nal. En la novela no queda nin­gún cabo suelto, el lec­tor podrá saber lo que ha suce­dido pasando por encima de la infor­ma­ción que Megan nos ha ido pro­por­cio­nando desde su cabeza frag­men­ta­ria, donde las emo­cio­nes jue­gan con lo racio­nal. De mar­cado rasgo psi­co­ló­gico, el escri­tor valen­ciano ha sabido jugar con dos ele­men­tos: lo real y lo que cree­mos real que muchas veces no tie­nen nada que ver. Un buen debut de un escri­tor que se ha auto­pu­bli­cado su novela desde la bru­mosa capi­tal bri­tá­nica.

(Javier Velasco Oliaga)

Una muerte imperfecta

Reseña de David Gómez Hidalgo


Esta reseña fue publi­cada en el blog de su autor

Una muerte imper­fecta es la pri­mera novela de J. J. Fer­nán­dez y creo que es una buena carta de pre­sen­ta­ción para un escri­tor que se preo­cupa en todo momento de dar ritmo al texto sabiendo que tiene entre manos un thri­ller.

J. J. Fer­nán­dez es todo un corre­ca­mi­nos y con una mez­cla cul­tu­ral bru­tal, de esas que dejan hue­lla en los escri­tos a poco que uno le ponga inten­ción.

El tío de Megan ha muerto de forma ines­pe­rada. Para la poli­cía las cau­sas son natu­ra­les. Para su sobrina no todo está claro. Hay los sufi­cien­tes ele­men­tos de la vida pri­vada de su tío fuera de lugar para sos­pe­char que no todo es como parece. Ade­más, la vida de la pro­ta­go­nista y voz de la novela, está patas arriba y un ele­mento curioso: se está pre­pa­rando para correr una mara­tón. Existe otro ele­mento que pre­fiero no des­ve­lar. Os lo encon­tra­réis, como el que no quiere la cosa, y del que se correrá un tupido velo para vol­ver a emer­ger con fuerza al final de la novela y, como os podéis ima­gi­nar, podría ser deci­sivo.

A par­tir de ese argu­mento un estira y afloja entre la pro­ta­go­nista y la poli­cía. ¿Quién ten­drá razón? Aun­que ella tiene fuer­tes con­vic­cio­nes y por ello seguirá hasta el final para que no quede duda sobre la muerte de su pariente.

Os he hablado antes de ese otro ele­mento que no quiero des­ve­lar, pero que el autor lo uti­liza con sol­ven­cia para meter­nos de lleno en la lec­tura. Tene­mos la sen­sa­ción que nos hemos per­dido algo. Tene­mos la cer­teza que el autor sabe mucho más que noso­tros y que nos oculta infor­ma­ción. Eso nos crea des­con­cierto, pero a la vez ganas de seguir leyendo para ver a dónde nos lle­van nues­tras supo­si­cio­nes. El autor con­si­gue la impli­ca­ción del lec­tor en el caso.

Me ha gus­tado la teo­ría que sos­tiene una de las patas de la mesa de la novela: una fuerte emo­ción puede pro­vo­car un colapso tan grande que puede deri­var la muerte de la per­sona. Nunca me había parado a pen­sar en ello y seguro que es una ver­dad como un tem­plo. Pienso en aque­llas pare­jas de per­so­nas mayo­res que lle­van toda la vida jun­tos y que cuando una fallece al poco fallece la otra sin dar sín­to­mas de estar muy mala.

En la parte de los peros, qui­zás Megan se haga dema­sia­das pre­gun­tas y puede lle­gar a atur­dir al lec­tor. Como decía, el lec­tor podría tener faci­li­dad por meterse de lleno en el caso y que Megan se haga tan­tas pre­gun­tas es como hacér­se­las al lec­tor y, en mi caso, algu­nas las tenía más que pen­sa­das. Por eso, en algu­nos momen­tos de la novela he tenido la sen­sa­ción que el ritmo del thri­ller decaía un poco. Una posi­ble solu­ción hubiera sido cor­tar algu­nas de esas esce­nas; sobre todo recuerdo una en la que pare­cía una metra­lleta lan­zando pre­gun­tas y que me ha puesto un poco ner­vioso.

Con todo, la novela se lee rápida lle­vado por esas ganas de saber el des­en­lace. Y como toda buena novela de sus­pense, tiene sor­presa. Creo que bien cons­truida por parte del autor, coci­nada a fuego lento para lograr la satis­fac­ción final del lec­tor.

Crítica de Javier Velasco Oliaga


Esta crí­tica fue publi­cada en Todo Lite­ra­tura


“Una muerte imper­fecta”, del escri­tor valen­ciano J. J. Fer­nán­dez, es una novela que se mueve entre el thri­ller psi­co­ló­gico y el domes­tic noir. De clara influen­cia nór­dica, el autor ha cons­truido una sólida narra­ción que se va com­pli­cando pro­gre­si­va­mente hasta la reso­lu­ción de la mis­te­riosa muerte del tío de la pro­ta­go­nista Megan Evans.

J. J. Fer­nán­dez ha ubi­cado la acción de su novela en una loca­li­dad cer­cana a Lon­dres. El esce­na­rio de la obra lo conoce muy bien el autor por­que lleva viviendo varios años en la capi­tal bri­tá­nica como pro­fe­sor de len­guas en un ins­ti­tuto de secun­da­ria. Tam­bién ha esco­gido con tino el encua­dre tem­po­ral, una semana de enero de 2006, pos­te­rior al fatí­dico aten­tando terro­rista que asoló el metro lon­di­nense en julio del 2005. Muy a pro­pó­sito por­que uno de los pro­ta­go­nis­tas estaba casado con una de las nume­ro­sas víc­ti­mas que pere­cie­ron en el aten­tado.

La novela está narrada en pri­mera per­sona por Megan, de ahí que el autor nos lleve por donde estima opor­tuno para man­te­ner la ten­sión de la narra­ción. Si bien es ver­dad que nos oculta infor­ma­ción, la pro­pia narra­dora tam­bién la ha olvi­dada. Un trau­má­tico acon­te­ci­miento en su infan­cia hace que olvide todo lo rela­cio­nado con su tío Paddy, anti­guo sacris­tán cató­lico de una igle­sia cer­cana a su domi­ci­lio. Decir Igle­sia Cató­lica en Ingla­te­rra es decir pede­ras­tia, muchos han sido los casos denun­cia­dos en las islas bri­tá­ni­cas, pero… pocos los escla­re­ci­dos.

No vamos a des­ve­lar los con­di­cio­na­mien­tos que lle­vará a la pro­ta­go­nista a la ¿posi­ble? reso­lu­ción del caso. Megan en una mujer fri­sando la cua­ren­tena que comienza una meno­pau­sia pre­coz. El falle­ci­miento del tío Paddy tras­toca su vida y la influen­cia nega­ti­va­mente. Desde el momento en que la poli­cía la comu­nica la muerte de su tío, ve cosas raras que no la cua­dran. Es extraño que su tío saliese por la noche con­du­ciendo su viejo coche. Pos­te­rior­mente, la poli­cía de su loca­li­dad la comu­nica que el sacris­tán Paddy ha muerto de un ata­que de asma, algo que no le chi­rría pro­fun­da­mente.

La trama trans­cu­rre ver­ti­gi­no­sa­mente en ocho días. Desde el pri­mer momento, Megan emprende una alo­cada inves­ti­ga­ción para cono­cer la ver­da­dera razón de la muerte de su tío. En dicha inves­ti­ga­ción, nos encon­tra­mos con una per­sona llena de trau­mas, ines­ta­ble y que, en oca­sio­nes, da la sen­sa­ción de estar des­equi­li­brada. Inmersa en un pro­ceso de sepa­ra­ción con su marido a causa de unos celos, que no sabe­mos si son infun­da­dos o no, Megan se mues­tra capri­chosa, pero sagaz en dicho pro­ceso de inves­ti­ga­ción.

La poli­cía no da cré­dito a sus sos­pe­chas por lo que intenta encon­trar un sen­tido a esa muerte. Alguna prueba cir­cuns­tan­cial, la cinta que encuen­tra en una caja de su padre, enfermo de Alzhei­mer en una resi­den­cia de ancia­nos, hace que se la abran nue­vos cami­nos en dicha inves­ti­ga­ción. Deja a un lado su vida para dedi­carse a correr y resol­ver el enigma que rodea a su tío.

En la novela, el diá­logo inte­rior de Megan juega un papel fun­da­men­tal en el desa­rro­llo de la novela. Sabre­mos de pri­mera mano sus inquie­tu­des, pero tam­bién sus mie­dos e inse­gu­ri­da­des. Aun así se mues­tra, en oca­sio­nes, lúcida y arries­gada en su deci­sio­nes. Megan nos va lle­vando por una trama donde apa­re­cen varias ana­lep­sis o flash-back de la vida de sus padres, tío y her­mana, que nos darán más infor­ma­ción sobre lo ocu­rrido a Paddy.

Entrevista

Pue­des escu­char una intere­sante entre­vista al autor…

10 razones para consultar con un abogado

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Tener un pro­blema legal no debe­ría ser la jus­ti­fi­ca­ción para acu­dir a un abo­gado. La jus­ti­fi­ca­ción ha de ser soli­ci­tar ase­so­ra­miento para evi­tar el pro­blema. Los abo­ga­dos resol­ve­mos los pro­ble­mas lega­les de nues­tros clien­tes, si; pero tam­bién los evi­ta­mos mediante la con­sulta y ase­so­ra­miento pre­vio. Es lo que en el mundo jurí­dico se conoce como abo­ga­cía pre­ven­tiva.

Ahora enun­cia­mos diez razo­nes por las que muchas per­so­nas no acu­den a un abo­gado, que se con­vier­ten real­mente en diez razo­nes para con­sul­tar con un abo­gado:

1. Es un contrato sencillo

Pen­sará que no nece­sita un abo­gado para redac­tar un con­trato de arren­da­miento o un con­trato de entrega de una señal para la com­pra de una vivienda, pues parece algo muy sen­ci­llo. Pero hasta el con­trato que pueda pare­cer más sen­ci­llo ha de con­te­ner cier­tas clau­su­las que pro­te­jan sus dere­chos. O puede redac­tarlo inclu­yendo cláu­su­las que des­co­no­ciendo su sig­ni­fi­cado y tras­cen­den­cia jurí­dica le reporte pos­te­rior­mente per­jui­cios. Solo el abo­gado tiene una visión de con­junto de la trans­cen­den­cia jurí­dica de cual­quier paso que usted pueda dar. 

2. Bricolaje

El famoso corta y pega de aquí y de allá. Cree que puede redac­tar un docu­mento cogiendo ideas de aquí y de allá. Pero el resul­tado será algo pare­cido al mons­truo de Vik­tor Franks­tein. El bri­co­laje es muy entre­te­nido, pero es un hobby o pasa­tiempo. No debe hacer bri­co­laje con los asun­tos jurí­di­cos. Los abo­ga­dos no lo hace­mos.

3. Tener un familiar que sabe de estas cosas

¿Quién no tiene un fami­liar que dice que entiende de cues­tio­nes jurí­di­cas (qui­zás por­que tenga un pequeño nego­cio o algu­nos estu­dios)? Segu­ra­mente no sabrá nada, pero la igno­ran­cia es muy osada. Cada per­sona está cua­li­fi­cada para ase­so­rar sobre su pro­fe­sión, y para los temas jurí­di­cos las per­so­nas cua­li­fi­ca­das son los abo­ga­dos. ¿Y un hijo que estu­dia dere­cho?

4. Hay Información en redes sociales

Hoy todo el mundo per­te­nece a una o varias redes socia­les. Y por las redes cir­cu­lan con­se­jos lega­les que pro­vie­nen … ¿de quién? usted no lo sabe. A dia­rio lee­mos muchas bar­ba­ri­da­des, que si usted las atiende podrán crearle un pro­blema jurí­dico muy serio. Solo debe aten­der a aque­llos con­se­jos que pro­ven­gan de un abo­gado, pero con­si­dere que cada situa­ción per­so­nal es dis­tinta por lo que nunca deberá tomar una deci­sión sin expo­nerle su caso con­creto 

5. La ley no exige la intervención de abogado

Hay deter­mi­na­dos pro­ce­sos judi­cia­les para los que la ley no exige la inter­ven­ción de un abo­gado (por ejem­plo una recla­ma­ción de poca cuan­tía o un jui­cio por delito leve). Pero que no lo exija no es sinó­nimo de que no sea con­ve­niente que usted vaya de la mano de un abo­gado (y más cuando posi­ble­mente la parte con­tra­ria sí esté asis­tida por un abo­gado). Por ejem­plo: para recla­mar 1.900 euros la ley no exige la inter­ven­ción de abo­gado, y para recla­mar 2.100 euros, sí; y ambas recla­ma­cio­nes pue­den tener el mismo fun­da­mento jurí­dico que solo el abo­gado sabrá invo­car.

6. Hay confianza con la otra parte

Usted va a fir­mar un con­trato con alguien con la que tiene sufi­ciente con­fianza y sabe (cree) que nunca ten­drá pro­ble­mas con ella. Le digo: des­en­gá­ñese, en el mundo jurí­dico no puede fiarse de nadie (abso­lu­ta­mente de nadie); por eso nece­sita tener un con­trato per­fec­ta­mente redac­tado. Y des­con­fíe cuando una per­sona le dice para no acu­dir a un abo­gado: «¿es que no te fías de mí?» Pues no se fie, no lo haga.

7. El asesoramiento de un funcionario

Los hay con muy buena volun­tad que le pue­den dar un con­sejo, ¿pero ese con­sejo es acer­tado? ¿o es el mejor con­sejo para su caso? Supo­ne­mos que el fun­cio­na­rio hace bien su tra­bajo (no lo duda­mos), pero su tra­bajo no es ase­so­rarle a los admi­nis­tra­dos (a usted). No tiene pre­pa­ra­ción para ello y puede oca­sio­narle más pro­ble­mas que bene­fi­cios. En muchas oca­sio­nes hemos tenido un caso com­pli­cado por­que ini­cial­mente nues­tro cliente actuó siguiendo el con­sejo de un bien­in­ten­cio­nado fun­cio­na­rio.

8. Consultas en foros de internet

Lo más peli­groso. Allí todo el mundo opina, la mayo­ría basán­dose en su pro­pia expe­rien­cia, pero nadie sabe cuál es su caso con­creto. Recuerde que no todos los casos son igua­les y que usted al expo­ner el suyo puede olvi­dar alguna cir­cuns­tan­cia impor­tante por lo que la res­puesta no sea la ade­cuada. En oca­sio­nes los abo­ga­dos dan res­pues­tas en esos foros, pero siem­pre piden una con­sulta per­so­na­li­zada para el correcto ase­so­ra­miento.

9. Los abogados son caros

No hay nada más incierto como esa afir­ma­ción. Es más, los abo­ga­dos somos muy ren­ta­bles. Un ade­cuado ase­so­ra­miento o inter­ven­ción a tiempo es incluso barato, pues ha de con­si­de­rar el inte­rés eco­nó­mico del, por ejem­plo, con­trato que va a fir­mar.

10. Gestores, asesores y otros

Muchas per­so­nas creen que para deter­mi­na­dos asun­tos los ges­to­res son más ade­cua­dos, y ade­más son más bara­tos (véase el nº 9). Lo mismo le pode­mos decir de esos ase­so­res que nadie sabe lo que son. Pero la expe­rien­cia nos dice que saben lo jus­tito y no más (A, B y C), e incluso que si se aven­tu­ran a D, E, etc, … le oca­sio­na­rán un gran pro­blema.

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La campana de la verdad

La campana de la verdad

La campana de la verdad

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En la anti­gua China corría una leyenda sobre la exis­ten­cia de una cam­pana mis­te­riosa en un lejano tem­plo budista. Se cono­cía como La Cam­pana de La Ver­dad.

Un día se pro­dujo un robo en uno de los pala­cios de la ciu­dad, sin dejarse ras­tro. Tras varias pes­qui­sas fue­ron dete­ni­dos cinco hom­bres, de no muy buena fama en el lugar, y lle­va­dos ante el Juez. Pero no había prueba de cargo: no había tes­ti­gos, no le encon­tra­ron los bie­nes sus­traí­dos; y por supuesto los cinco se decla­ra­ron ino­cen­tes de los hechos por lo que fue­ron acu­sa­dos.

El Juez no podía con­de­nar a nin­guno de ello, no tenía prue­bas, pero sen­tía una gran pre­sión por el dueño del pala­cio que que­ría ver encar­ce­lado a quien le había arre­ba­tado sus pre­cio­sas per­te­nen­cias. Y enton­ces se acordó de la mis­te­riosa cam­pana. Había oído hablar de ella, pero era una leyenda. Solo una leyenda. Aún así, deci­dió some­ter el caso a su mis­te­rio.

Dijo: «Ante la gra­ve­dad de los hechos, mi con­ven­ci­miento de que entre los acu­sa­dos está el ladrón y la falta de prueba para con­de­nar, he deci­dido some­ter la deci­sión a La Cam­pana de La Ver­dad, que durante siglos ‑en ese momento le falló la voz por su poco con­ven­ci­miento en tal afir­ma­ción- ha hecho jus­ti­cia ante casos sin­gu­la­res, dis­tin­guiendo a quien dice la ver­dad de quien miente. Mañana a pri­mera hora ire­mos al tem­plo, pues está a un día de camino».

Los acu­sa­dos fue­ron reti­ra­dos, y el Juez dis­puso lo nece­sa­rio para el viaje al tem­plo, orde­nando a su ayu­dante que par­tiera esa misma tarde para pre­pa­rar el tem­plo según sus indi­ca­cio­nes.

Templo budista en el que se custodia La Campana de La Verdad

Tem­plo budista en el que se cus­to­dia La Cam­pana de La Ver­dad

Antes de la pri­mera luz del día, la comi­sión, los acu­sa­dos y no pocos curio­sos ya esta­ban de viaje hacia el tem­plo budista. En el largo viaje ocu­rrie­ron algu­nas anéc­do­tas que en otro momento con­taré. Fue­ron reci­bi­dos por los mon­jes del tem­plo, y por su ayu­dante. Ya caía el día, el sol se había puesto.

La cam­pana se encon­traba en la sala de los Reyes Celes­tia­les, en un lugar con ya poca ilu­mi­na­ción. El Juez y todos los pre­sen­tes se reu­nie­ron en la ante­sala y diri­gién­dose a los acu­sa­dos, dijo: «Decís que sois ino­cen­tes, pero solo La Cam­pana de La Ver­dad os podrá dar la razón. Debe­réis entrar en la Sala de los Reyes Celes­tia­les de uno en uno, de rodi­llas os acer­ca­réis a la cam­pana y pon­dréis vues­tras manos sobre ella diciendo ‘soy ino­cente’. Si la cam­pana guarda silen­cio, habréis dicho la ver­dad. Si la cam­pana suena, habréis men­tido».

A con­ti­nua­ción, vol­vió a pre­gun­tar a los acu­sa­dos: «¿insis­tís en vues­tra ino­cen­cia?». Los cinco asin­tie­ron, y empezó la prueba defi­ni­tiva. Se le dio orden al pri­mero de ellos para que entrara en la penum­brosa sala. Hubo silen­cio y salió. Y así el segundo, el ter­cero, el cuarto y hasta el quinto. Los cinco se some­tie­ron a La Cam­pana de La Ver­dad y no se pro­dujo nin­gún sonido. El ros­tro de los cinco era de de tran­qui­li­dad, pues por fin se veían en liber­tad.

«He de dic­tar sen­ten­cia con­forme al resul­tado de esta prueba ‑mani­festó solem­ne­mente el Juez diri­gién­dose a los acu­sa­dos- y para ello ense­ñadme las pal­mas de vues­tras manos». Los acu­sa­dos, extra­ña­dos exten­die­ron sus manos y tras unos ins­tan­tes, seña­lando al que estaba en segundo lugar empe­zando por su izquierda, sen­ten­ció el Juez: «Tu has sido el ladrón, y eres con­de­na­dos a la pena capi­tal; y ade­más, me has men­tido».

Ante el asom­bro de todos los pre­sen­tes, ya que la cam­pana no había sonado en nin­gún caso, explicó: «Que la cam­pana sepa dis­tin­guir la ver­dad de la men­tira es una leyenda, que durante siglos ha con­vi­vido entre noso­tros lle­gán­dose a tener por cierta, pero es solo una leyenda. Ayer dis­puse que a nues­tra lle­gada la cam­pana estu­viera tiz­nada, y la sala en penum­bras. Los que entre voso­tros tuvie­rais la con­cien­cia lim­pia por no haber par­ti­ci­pado en el robo, obe­de­ce­rías mi orden y pon­drías las manos sobre la cam­pana. El ladrón, cre­yendo que la cam­pana le dela­ta­ría, se abs­ten­dría de poner sus manos sobre ella, evi­tando así sin saberlo tiz­narse sus manos. Y así ha resul­tado».

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La campana de la verdad

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Una anti­gua leyenda de la anti­gua China sobre cómo un Juez ave­ri­guó la ver­dad gra­cias a la mis­te­riosa y tam­bién legen­da­ria Cam­pana de La Ver­dad, cus­to­diada por mon­jes tibe­ta­nos

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